Acabo de ver Damas Primero y, como alguien que lleva años siguiendo la carrera de Sacha Baron Cohen, tenía bastante claro qué tipo de experiencia me esperaba. Cohen no es un comediante convencional. A diferencia de muchos humoristas que buscan únicamente provocar una carcajada inmediata, gran parte de su filmografía ha estado construida alrededor de la sátira social, la incomodidad y la capacidad de exponer las contradicciones de la sociedad moderna. Desde Borat hasta The Dictator, sus películas siempre han utilizado el humor como una herramienta para señalar prejuicios, hipocresías y comportamientos absurdos que muchas veces preferimos ignorar.

Sinopsis

Las damas primero (título original Ladies First) es una comedia satírica de Netflix dirigida por Thea Sharrock. Sigue la historia de Damien Sachs, un ejecutivo machista, egocéntrico y manipulador que despierta de un accidente en un mundo paralelo donde las reglas se han invertido por completo. En esta nueva realidad matriarcal, las mujeres dominan la sociedad y los hombres sufren las dinámicas de desigualdad, lo que obliga a Damien a enfrentarse a Alex Fox, su feroz contraparte femenina.

Por eso me llamó la atención que en esta ocasión decidiera centrar su mirada en uno de los debates más presentes de nuestra época: los roles de género y las expectativas que la sociedad sigue imponiendo tanto a hombres como a mujeres. Y lo hace a través de una premisa tan sencilla como efectiva: ¿qué pasaría si el mundo estuviera completamente invertido? ¿Qué ocurriría si los hombres ocuparan el lugar social que tradicionalmente han tenido las mujeres y las mujeres heredaran muchas de las posiciones de privilegio históricamente asociadas al género masculino?

La respuesta podría haber terminado siendo una comedia superficial llena de chistes fáciles. Afortunadamente, Cohen entiende que la premisa tiene mucho más potencial que eso.

Lo más interesante de Damas Primero es que funciona como un ejercicio constante de empatía. La película toma situaciones cotidianas que normalmente observamos desde una perspectiva determinada y las reconfigura para obligarnos a verlas desde otro ángulo. Y es precisamente ahí donde aparecen sus mejores momentos. Hay escenas que generan risa inmediata, pero una vez que termina la carcajada dejan una pregunta incómoda flotando en el aire. ¿Por qué nos resulta absurdo ver a un hombre enfrentando determinadas situaciones? ¿Por qué ciertas conductas nos parecen normales cuando afectan a un género y ridículas cuando afectan al otro?

Ese es el gran mérito de la película.

Más allá de la ficción, muchas de las situaciones retratadas se sienten peligrosamente cercanas a la realidad. En varios momentos tuve la sensación de estar viendo una especie de espejo distorsionado de comportamientos que existen todos los días, solo que observados desde una perspectiva diferente. Y justamente por eso funcionan tan bien. La sátira siempre ha sido más efectiva cuando exagera elementos reales para revelar verdades incómodas, y Cohen sigue demostrando que entiende perfectamente ese mecanismo.

Algo que me sorprendió fue descubrir que esta probablemente sea la película más accesible de toda su filmografía. Quienes esperen el nivel de provocación extrema de Borat o la irreverencia constante de El Dictador podrían sentirse algo desconcertados. El ADN de Cohen sigue presente, por supuesto. Sigue habiendo momentos incómodos, comentarios políticamente incorrectos y situaciones diseñadas para generar debate. Sin embargo, el tono general es considerablemente más moderado.

Y no necesariamente lo digo como algo negativo.

De hecho, esa decisión permite que el mensaje llegue a una audiencia mucho más amplia. En lugar de apostar por la confrontación directa, la película opta por una aproximación más reflexiva. Sigue siendo una sátira, pero una sátira menos agresiva, más interesada en generar conversación que en escandalizar al espectador.

También puedes leer Spider-Verse: Películas de Spider-Man ordenadas de peor a mejor

A nivel de guion, la película encuentra un equilibrio bastante interesante entre comedia y comentario social. Los diálogos están cargados de ironía y dobles lecturas, mientras que muchas de las situaciones funcionan simultáneamente como chiste y como crítica. Es un recurso que Cohen ha utilizado durante toda su carrera, pero aquí se siente especialmente refinado.

También me gustó que la película evite caer completamente en discursos moralistas. En lugar de señalar culpables o intentar ofrecer respuestas definitivas, plantea preguntas. Y eso siempre resulta más interesante. El espectador es quien debe completar gran parte de la reflexión por sí mismo.

Desde el punto de vista técnico, la dirección cumple correctamente su función. No estamos ante una película que busque deslumbrar visualmente ni reinventar el lenguaje cinematográfico. La puesta en escena está diseñada para servir a los personajes y a las situaciones cómicas. La fotografía es funcional y el montaje mantiene un ritmo ágil durante buena parte del metraje. Todo está construido para que el foco permanezca constantemente en los diálogos, las reacciones y las dinámicas sociales que la película intenta explorar.

Sin embargo, donde sí encuentro algunas debilidades es en su tramo final. Después de construir una premisa tan sólida y desarrollar varias ideas realmente interesantes, la conclusión se siente algo apresurada. Da la impresión de que la película tenía más cosas que decir, más conflictos que explorar y más consecuencias que desarrollar. En lugar de eso, acelera varios acontecimientos importantes para llegar rápidamente a los créditos.

Y es una pena, porque esa decisión termina restándole parte del impacto emocional e intelectual que había construido durante gran parte de la historia. No arruina la experiencia, ni mucho menos, pero sí deja la sensación de que podía haber sido una película aún más memorable de lo que finalmente es.

Quizás ese sea mi único gran reproche. Porque durante la mayor parte de su duración, Damas Primero consigue exactamente lo que se propone. Hace reír. Hace pensar. Genera incomodidad. Provoca debate. Y sobre todo obliga al espectador a cuestionar ciertas ideas que muchas veces damos por sentadas.

En una época donde gran parte de la conversación pública alrededor de los roles de género suele estar dominada por extremos incapaces de escucharse mutuamente, resulta refrescante encontrar una película que utilice el humor para abordar el tema sin perder complejidad. Cohen entiende que la comedia puede ser una herramienta poderosa para construir empatía, y utiliza esa herramienta con bastante inteligencia.

Al final, Damas Primero no alcanza las cotas más altas de la filmografía de Sacha Baron Cohen, pero sigue siendo una obra muy recomendable. Es divertida, provocadora, inteligente y está llena de observaciones que continúan resonando una vez termina la película. Tal vez el desenlace no esté a la altura de todo lo que prometía su planteamiento inicial, pero el viaje vale completamente la pena.

Porque las mejores sátiras no son aquellas que simplemente hacen reír. Son aquellas que consiguen que, después de la risa, uno se quede pensando. Y Damas Primero logra exactamente eso.

Reseña
Damas primero
Artículo anteriorEl lado desconocido de Stan Lee y sus creaciones
Gerardo Chavarry
Escritor | Locutor | Músico | Youtuber | Diseñador | Cinéfilo | Seriéfilo | Editor de video | Fotógrafo | Actor | Gamer
damas-primero-criticaAl final, Damas Primero no alcanza las cotas más altas de la filmografía de Sacha Baron Cohen, pero sigue siendo una obra muy recomendable. Es divertida, provocadora, inteligente y está llena de observaciones que continúan resonando una vez termina la película. Tal vez el desenlace no esté a la altura de todo lo que prometía su planteamiento inicial, pero el viaje vale completamente la pena. Porque las mejores sátiras no son aquellas que simplemente hacen reír. Son aquellas que consiguen que, después de la risa, uno se quede pensando. Y Damas Primero logra exactamente eso.