Acabo de ver El Día de la Revelación y creo que la mejor forma de comenzar esta crítica es felicitando a la compañía encargada de la campaña de marketing. Hacía tiempo que un tráiler no conseguía venderme tan bien una película. Cada avance prometía un acontecimiento cinematográfico gigantesco, una historia que abordaría una de las preguntas más importantes de la humanidad: ¿qué ocurriría si por fin descubriéramos que no estamos solos en el universo? La premisa era fascinante, el director era una garantía absoluta y la expectativa estaba por las nubes. Sin embargo, al salir de la sala, la sensación predominante fue una mezcla de admiración técnica y decepción narrativa.

Sinopsis

El día de la revelación (Disclosure Day) es una película de ciencia ficción y thriller dirigida por Steven Spielberg. La historia sigue al mundo entero preparándose para la inminente confirmación oficial de que existe vida extraterrestre. Este secreto ha sido deliberadamente ocultado por los gobiernos desde los años 40.

Porque si hay algo que resulta innegable es que el nombre de Steven Spielberg sigue siendo sinónimo de calidad cinematográfica. Estamos hablando de uno de los directores más importantes de la historia del cine, responsable de obras que definieron generaciones enteras y que cambiaron para siempre la manera de entender el espectáculo cinematográfico. Desde Close Encounters of the Third Kind hasta E.T. the Extra-Terrestrial, Spielberg ha demostrado en múltiples ocasiones que nadie entiende la maravilla, el asombro y el misterio como él.

Y justo por eso duele más cuando una película suya no está a la altura de sus capacidades.

Porque en El Día de la Revelación prácticamente todo funciona… excepto el elemento más importante de cualquier historia: el guion.

La dirección está ahí. La fotografía está ahí. La música está ahí. Las actuaciones, en líneas generales, cumplen bastante bien. Incluso existen varias secuencias que logran capturar esa sensación de asombro tan característica del cine de Spielberg. Pero el libreto nunca consigue sostener el peso de la premisa que propone.

El principal problema es que la película construye de forma constante la sensación de que estamos frente al acontecimiento más importante en la historia de la humanidad, pero cuando llega el momento de explorar las consecuencias de dicho evento, sencillo: no lo hace.

Y ese vacío termina devorando gran parte de la experiencia.

La historia gira alrededor de la revelación oficial de la existencia extraterrestre, una idea que por sí sola debería provocar un terremoto político, religioso, económico, militar, científico y social sin precedentes. Estamos hablando de una noticia capaz de redefinir de forma absoluta todo lo que conocemos como especie. Sin embargo, la película parece más interesada en construir el camino hacia la revelación que en analizar las consecuencias de la misma.

El resultado es una obra que de continuo promete más de lo que termina mostrando.

Durante gran parte del metraje, la narrativa se alarga sin necesidad. Existen subtramas que aportan poco al conflicto principal y secuencias que estiran información que podría haberse contado de forma mucho más eficiente. El pacing se vuelve irregular y la sensación de avance dramático se resiente. Da la impresión de que la película está esperando con desesperación llegar a su clímax, pero no encuentra suficientes elementos sólidos para sostener todo el recorrido previo.

De hecho, si tuviera que destacar tres secuencias concretas de toda la película, serían aquellas donde Spielberg demuestra por qué sigue siendo uno de los mejores directores vivos. La primera es una brillante escena donde el personaje de Emily Blunt logra escapar utilizando a las personas que la rodean como una especie de escudo emocional. Es una secuencia dirigida con maestría, llena de tensión y con un manejo del espacio que recuerda al Spielberg más inspirado.

La segunda es la escena de la abducción, quizá el momento más inquietante y atmosférico de toda la película. Aquí el director recupera parte de ese terror cósmico que hizo tan fascinantes algunas de sus obras anteriores relacionadas con visitantes extraterrestres.

Y está el clímax de la revelación. Un tramo final que funciona muy bien a nivel de ritmo, construcción visual y capacidad de generar impacto emocional. Spielberg sabe con exactitud cómo crear espectáculo, cómo generar sensación de grandeza y cómo transmitir asombro a través de la imagen.

El problema es que una vez termina el impacto inicial, empiezan a aparecer las preguntas.

Y son demasiadas.

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Porque la película presenta un mensaje de un optimismo profundo sobre la humanidad que, con toda honestidad, resulta difícil de creer dentro de la realidad contemporánea. El film apuesta por una visión esperanzadora donde la revelación une a las personas y genera una respuesta de orden relativo. Pero si observamos el mundo actual, caracterizado por la polarización extrema, la desinformación constante y la desconfianza hacia cualquier autoridad, cuesta aceptar que un acontecimiento semejante tendría una reacción tan homogénea.

De hecho, una de las mayores ausencias de la película es la falta de consecuencias reales.

¿Dónde están las crisis religiosas? ¿Dónde están los conflictos políticos? ¿Dónde están los gobiernos enfrentándose por el control de la información? ¿Dónde están los mercados colapsando? ¿Dónde están los movimientos sociales reaccionando a una noticia capaz de redefinir la existencia humana?

Nada de eso aparece con la profundidad que merecía.

Y es una pena porque era ahí donde la película podía haberse convertido en algo extraordinario.

Otro aspecto que me resultó extraño es el tratamiento de la conspiración gubernamental. Caemos de nuevo en la clásica estructura donde una organización secreta intenta ocultar la verdad al mundo. Sin embargo, tratándose de un fenómeno de escala planetaria, resulta difícil creer que todo recaiga sobre una única entidad ficticia. Si existiera un contacto extraterrestre confirmado, estaríamos hablando de una operación global donde participarían múltiples gobiernos, agencias de inteligencia, organismos internacionales y potencias mundiales.

La película simplifica en exceso un problema que debería ser mucho más complejo.

Algo similar ocurre con la insistencia en presentar a North Korea como una especie de villano global. Es un recurso que el cine de Hollywood lleva usando durante años y que aquí vuelve a sentirse algo desgastado. El mundo actual es demasiado complejo para reducir las tensiones geopolíticas a una única amenaza de fácil identificación.

También me costó conectar con todo el concepto de los «elegidos». La película plantea que ciertos individuos han sido seleccionados por los visitantes extraterrestres, pero la lógica interna de esta idea presenta demasiadas inconsistencias. A lo largo de la historia moderna existen relatos sin número de supuestas abducciones y encuentros cercanos, muchos de ellos descritos como experiencias traumáticas, aterradoras o perturbadoras en grado sumo. Aquí, en cambio, el fenómeno adquiere una dimensión casi espiritual que nunca termina de justificarse del todo.

En cuanto a los personajes, la mayoría cumple de forma correcta, aunque no todos reciben el desarrollo necesario. La actuación más sólida de toda la película recae sobre Emily Blunt, quien logra transmitir vulnerabilidad, determinación y humanidad incluso cuando el guion no siempre la acompaña. Su presencia aporta credibilidad a muchas escenas que de otro modo podrían haberse sentido artificiales.

Por otro lado, el personaje interpretado por Colman Domingo representa uno de los mayores problemas narrativos de la película. Toda su construcción gira alrededor del misterio. El problema es que llega un punto donde el personaje es tan deliberado en su enigma que termina afectando la coherencia general del relato. Más que generar intriga, en muchos momentos genera confusión.

Eso sí, sería injusto no destacar el trabajo técnico. La dirección de Spielberg sigue siendo magistral en muchos momentos. Hay movimientos de cámara elegantes, composiciones visuales espectaculares y una capacidad extraordinaria para construir atmósfera. La fotografía aporta de forma constante sensación de escala y misterio, mientras que la música de John Williams vuelve a demostrar por qué es uno de los compositores más importantes de la historia del cine. Su partitura es sutil cuando debe serlo y grandiosa cuando la historia lo requiere.

Aunque tampoco todo es perfecto en ese apartado. Algunos efectos visuales muestran ciertas limitaciones y, en determinadas secuencias, el CGI pierde parte de la calidad que uno esperaría de una producción de esta magnitud.

Al final, El Día de la Revelación termina siendo una película frustrante. No porque sea mala. De hecho, está lejos de serlo. Es frustrante porque se puede ver de forma constante la gran película que pudo haber sido. Tiene una premisa fascinante, un director legendario, un reparto sólido y varios momentos de verdad memorables. Pero el guion nunca está a la altura de sus ambiciones.

Spielberg logra vendernos la llegada del evento más importante de la historia de la humanidad. Lo que no consigue es mostrarnos cómo la humanidad reaccionaría ante él. Y considerando que esa era la parte más interesante de la propuesta, resulta imposible no sentir que estamos frente a una enorme oportunidad perdida. El clímax impacta, la revelación funciona y el espectáculo está garantizado. Pero cuando las luces de la sala se encienden, la sensación que permanece es que la película se obsesionó tanto con anticipar el acontecimiento que olvidó explorar sus consecuencias. Y ahí es donde más duele.