Acabo de ver de nuevo Begin Again y creo que pocas veces una película consigue algo tan difícil: ser sencilla y, al mismo tiempo, sentirse especial. Estamos ante una obra hermosa, precisa y completamente redonda en su propuesta. No busca cambiar la historia del cine ni convertirse en una revolución narrativa, sino algo mucho más complicado: dejar una sensación genuina de felicidad, nostalgia y esperanza cuando aparecen los créditos finales.

Y eso es precisamente lo que hace tan especial a esta película.

Sinopsis

Begin Again (estrenada también como Empezar otra vez) narra la historia de Gretta (Keira Knightley) y su novio Dave (Adam Levine), quienes se mudan a Nueva York para cumplir su sueño musical. Tras alcanzar el éxito, Dave la abandona. En su peor momento, Gretta conoce a Dan (Mark Ruffalo), un productor discográfico arruinado que la descubre cantando en un bar y le propone grabar un álbum por las calles de la ciudad

John Carney demuestra una vez más que entiende la música y las emociones humanas como pocos directores actuales. Después de la maravillosa Once, Carney vuelve a explorar la conexión entre las personas a través de las canciones, pero esta vez desde una perspectiva más amplia, mostrando no solo el proceso creativo, sino también las heridas personales que llevan a los personajes a encontrar nuevamente un propósito.

La historia de Begin Again parte de una idea simple: dos personas que están atravesando momentos complicados de sus vidas se encuentran por casualidad y, a través de la música, comienzan a reconstruirse. Pero lo que podría haber sido una película llena de lugares comunes sobre segundas oportunidades, termina convirtiéndose en un retrato muy humano sobre la pérdida, la madurez, las decisiones equivocadas y la necesidad de volver a encontrarnos con nosotros mismos.

El gran acierto de la película está en sus personajes.

Mark Ruffalo interpreta a Dan, un productor musical que se encuentra completamente perdido tanto en su carrera como en su vida personal. Es un personaje lleno de defectos, alguien que cometió errores y que parece haber perdido la conexión con aquello que alguna vez amó. Ruffalo consigue transmitir esa mezcla de frustración, tristeza y esperanza con una interpretación llena de pequeños detalles. Sus gestos, sus silencios y la forma en que observa a los demás dicen mucho más que cualquier diálogo.

Por otro lado, Keira Knightley interpreta a Gretta, una compositora que también atraviesa una etapa de ruptura personal después de una relación que parecía ser el centro de su vida. Knightley sorprende porque logra construir un personaje sensible sin caer en la fragilidad exagerada. Su interpretación transmite una mezcla perfecta entre vulnerabilidad y fortaleza, y su química con Ruffalo es uno de los pilares principales de la película.

La relación entre ambos personajes funciona porque nunca se siente como una historia romántica convencional. La película entiende que no todas las conexiones importantes tienen que terminar en amor de pareja. A veces una persona llega a nuestra vida para ayudarnos a recuperar una parte de nosotros mismos que creíamos perdida.

Y ahí está una de las mayores virtudes del guion.

Begin Again habla de comenzar nuevamente, pero no desde una perspectiva idealizada. Los personajes no olvidan sus problemas ni solucionan sus vidas de un día para otro. Simplemente encuentran una pequeña oportunidad para avanzar. La película entiende que muchas veces reconstruirse no significa volver a ser quien eras antes, sino descubrir quién puedes ser después de haber pasado por momentos difíciles.

Uno de los aspectos más destacados es, sin duda, la música.

Las canciones son el corazón absoluto de la película. Cada composición tiene una función narrativa y emocional. No están ahí solo para decorar las escenas, sino que representan lo que los personajes sienten y aquello que no siempre pueden expresar con palabras. La banda sonora es uno de los mayores logros del film y mantiene esa misma sensibilidad que Carney ya había demostrado en Once y que continuaría explorando posteriormente en Sing Street.

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Lo interesante es que la película también funciona como un retrato muy honesto de la industria musical independiente. Carney muestra un mundo donde la creatividad muchas veces choca contra las decisiones comerciales, donde el talento no siempre recibe reconocimiento y donde la pasión por crear puede terminar enfrentándose a las exigencias del mercado.

Pero lo hace sin convertir la película en una crítica pesada o pretenciosa.

Ese equilibrio es clave.

Begin Again nunca intenta decirnos que la música independiente es superior o que la industria tradicional es el enemigo. Más bien muestra las contradicciones de un mundo donde crear arte implica luchar entre la autenticidad y la necesidad de sobrevivir.

Visualmente la película también acompaña muy bien esa sensación de libertad. La decisión de grabar muchas escenas musicales en espacios abiertos de Nueva York transmite una energía diferente. La ciudad deja de ser solo un escenario y se convierte en parte del proceso creativo. Las calles, los sonidos ambientales y los pequeños momentos cotidianos forman parte de la música que los personajes están construyendo.

Ese concepto resulta brillante porque conecta directamente con la idea principal de la película: la belleza puede aparecer en lugares inesperados.

Otro punto fuerte es el ritmo. La película avanza con mucha naturalidad, sin apresurarse ni intentar generar conflictos artificiales. Cada escena parece tener el tiempo necesario para que los personajes evolucionen y para que el espectador conecte con ellos. Es una historia sencilla, pero está construida con mucho cuidado.

Y quizás ese sea el motivo por el que funciona tan bien.

En una época donde muchas películas buscan sorprender con grandes giros, conceptos complejos o espectáculos visuales gigantescos, Begin Again apuesta por algo mucho más íntimo. Habla de personas comunes, de problemas reales y de emociones que todos podemos reconocer.

No intenta ser revolucionaria.

Intenta ser memorable.

Y lo consigue.

La química entre Ruffalo y Knightley, la dirección de Carney, la calidad de las canciones, el desarrollo de los personajes y la sensibilidad con la que está construida hacen que la película sea una experiencia realmente especial. Es de esas historias que no terminan cuando termina la película, sino que permanecen contigo por la sensación que generan.

Al finalizarla queda una sensación difícil de explicar: una mezcla de alegría, tranquilidad y nostalgia. Como si durante dos horas hubieras acompañado a dos personas que estaban perdidas y, junto a ellas, recordaras que siempre existe la posibilidad de empezar otra vez.

Begin Again es una película sobre segundas oportunidades, sobre música y sobre la importancia de encontrar nuevamente aquello que nos hace sentir vivos. Una obra pequeña en apariencia, pero enorme en corazón.

Una película brillante.