
Sinopsis

El concepto de los Backrooms siempre me ha parecido fascinante porque parte de algo muy sencillo y, al mismo tiempo, difícil de explicar. ¿Qué ocurre cuando un espacio cotidiano deja de tener sentido? ¿Qué sucede cuando un lugar que debería ser reconocible se convierte en algo infinito, vacío y completamente ajeno a nuestra lógica? En ese sentido, la película me recordó mucho a Silent Hill, aunque aquí existe una inclinación mucho mayor hacia el surrealismo y la interpretación subjetiva, con ciertas influencias que incluso pueden recordar al cine de David Lynch.
Y creo que esa comparación es importante porque Backrooms no funciona como una película que quiera explicarte todo desde el primer minuto. Al contrario, construye su narrativa a partir de la incertidumbre. Los personajes son difusos, los escenarios resultan extraños y las reglas de este universo parecen cambiar a medida que avanzamos. El espectador nunca tiene la certeza absoluta de qué está viendo ni de cuáles son las verdaderas dimensiones de aquello que está ocurriendo.

Eso puede ser frustrante para algunos espectadores, pero para mí es una de las principales virtudes de la película.
Intentar explicar qué son los Backrooms a alguien que nunca ha escuchado hablar del concepto resulta casi imposible. ¿Una dimensión paralela? ¿Un espacio infinito? ¿Una anomalía de nuestra realidad? ¿Una serie de niveles interconectados que esconden criaturas y lugares que no deberían existir? La película aprovecha esa imposibilidad de definirlos para convertirla en parte del terror. Lo desconocido se vuelve el verdadero monstruo.
Y eso me parece mucho más interesante que mostrar una criatura cada cinco minutos.

La película entiende que el terror puede surgir de la arquitectura, del espacio y de la sensación de estar atrapado. Un pasillo aparentemente interminable puede resultar más perturbador que una criatura perfectamente diseñada. Una habitación vacía puede generar más ansiedad que una secuencia llena de sangre. Todo depende de cómo se construye la percepción del espectador.
Ahí es donde entra uno de los mayores logros técnicos del largometraje: su trabajo visual.
La película combina recursos de found footage con metraje digital y consigue mantener una conexión directa con el material original de YouTube. Esto era fundamental. Los Backrooms nacieron en internet y poseen una estética muy particular asociada a imágenes digitales, cámaras de baja calidad, espacios liminales y grabaciones que parecen haber sido encontradas por accidente. Trasladar eso a una producción cinematográfica de mayor escala podía haber destruido parte de su identidad, pero la película decide conservar muchos de esos elementos.

La fotografía juega un papel fundamental porque convierte los espacios en protagonistas. Las luces artificiales, los pasillos interminables, las habitaciones vacías y la ausencia de referencias humanas generan una sensación de aislamiento brutal. Hay algo profundamente incómodo en observar lugares que parecen diseñados para recibir personas, pero donde no existe nadie.
Es el concepto de espacio liminal llevado al terror.
Y lo interesante es que la película no necesita sobrecargar esos escenarios. Muchas veces basta con mantener la cámara fija durante unos segundos más de lo habitual para que empecemos a preguntarnos qué podría aparecer en el fondo. El fuera de campo adquiere un valor enorme porque nuestra imaginación termina construyendo amenazas que quizá ni siquiera están ahí.

La banda sonora y el diseño sonoro también contribuyen a esa atmósfera. Los sonidos ambientales, los silencios y la música ayudan a reforzar la sensación de aislamiento. No se trata de una película que dependa de una banda sonora estridente para indicarnos cuándo debemos sentir miedo. El sonido acompaña el espacio y permite que cada escenario tenga una identidad propia.
Otro aspecto que me parece interesante es la posibilidad de interpretar la película desde diferentes perspectivas. Los Backrooms pueden entenderse desde la psicología, desde la percepción espacial o incluso desde una lectura más existencial. La idea de estar atrapado en un lugar sin propósito, recorriendo espacios que parecen no llevar a ninguna parte, puede interpretarse como una representación del aislamiento, la ansiedad, la pérdida de orientación o incluso la sensación de estar atrapado dentro de una rutina.

La película no impone una única lectura.
Y eso permite que cada espectador construya su propia interpretación.
También me gusta que el largometraje no entregue todas las respuestas. En una época donde muchas producciones sienten la obligación de explicar cada elemento de su universo, aquí todavía existe espacio para el misterio. El espectador tiene que invertir parte de su tiempo intentando comprender qué está sucediendo, cuáles son las reglas de este mundo y qué relación existe entre los diferentes acontecimientos.
Eso genera una experiencia mucho más participativa.
No estás viendo la película de forma pasiva.
Estás intentando descifrarla.
Y creo que ese es uno de los mayores atractivos de una propuesta como esta.
Por supuesto, existen aspectos que podrían haberse trabajado mejor. La película no siempre consigue equilibrar su ambición conceptual con el desarrollo narrativo y existen momentos donde la historia parece depender demasiado de la fascinación que producen sus escenarios. En ocasiones uno puede sentir que el concepto es más interesante que los personajes que lo habitan.
Sin embargo, creo que sería injusto exigirle a esta primera película que responda absolutamente todo.
Porque, si algo demuestra Backrooms, es que existe un universo enorme esperando ser explorado.
Y aquí es donde aparece una de las posibilidades que más me interesan: una franquicia.
Los Backrooms tienen un potencial gigantesco para convertirse en una saga cinematográfica. Existen diferentes niveles, espacios, criaturas, reglas y posibilidades narrativas que podrían explorarse en futuras entregas. La película apenas parece abrir la puerta a un universo mucho más grande, especialmente con todo lo relacionado con la organización que intenta investigar y comprender aquello que existe detrás de esta anomalía.

Me gustaría que futuras películas profundizaran más en esa parte.
¿Qué es realmente esta dimensión? ¿De dónde surge? ¿Por qué está conectada con nuestra realidad? ¿Quiénes fueron los primeros en descubrirla? ¿Qué pretende conseguir la organización que intenta estudiarla? ¿Existen diferentes formas de entrar? ¿Hay alguna manera de regresar?
No necesito que todas estas preguntas tengan respuesta ahora.
De hecho, prefiero que algunas permanezcan abiertas.
Pero sí creo que existe material suficiente para construir una mitología mucho más grande.
El verdadero desafío será evitar que la franquicia caiga en el mismo problema que muchas otras sagas de terror: explicar demasiado, introducir demasiados personajes y convertir un concepto misterioso en un universo lleno de reglas que termine perdiendo su esencia.
Por ahora, Backrooms funciona porque conserva parte de ese misterio.
La experiencia de verla se siente distinta a la del terror convencional. No es una película que dependa únicamente del jumpscare ni que construya toda su tensión alrededor de una criatura persiguiendo a los protagonistas. Su terror nace de la incertidumbre, de la arquitectura, del aislamiento y de la imposibilidad de comprender completamente el lugar en el que estamos.
Y trasladar todo esto desde un concepto nacido en Reddit y desarrollado en YouTube hasta una película respaldada por A24 es, por sí solo, un logro bastante importante.
No estamos ante una obra perfecta.
Pero sí ante una película con identidad.
Una película que entiende de dónde viene y que intenta llevar ese material a un medio mucho más grande sin destruir aquello que lo hizo especial.
Backrooms me deja con la sensación de haber presenciado el comienzo de algo que puede llegar mucho más lejos. Hay problemas de narrativa y ciertos aspectos que todavía necesitan mayor desarrollo, pero el potencial está ahí. La fotografía, el sonido, el diseño de producción, la utilización del espacio y esa combinación entre found footage y lenguaje cinematográfico tradicional construyen una experiencia de terror elevada que consigue mantenerse en la cabeza del espectador.
Y quizás ese sea el mayor triunfo de la película.
No necesitas entender por completo los Backrooms para sentir miedo ante ellos.
Solo necesitas imaginar qué ocurriría si un día atraviesas una pared, caes fuera de nuestra realidad y despiertas en un lugar infinito donde no existe ninguna explicación.
Ahí comienza el verdadero terror.
Y espero que esta sea apenas la primera parada de un universo cinematográfico mucho más grande.









